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El Espíritu del Lobo

Dos días para la gran ceremonia: togas, vanidades y... ¿nervios? (1ra. parte)



Mis queridos lobos espirituales, hoy vengo a compartir con ustedes un delicioso embrollo en el que me he metido, y que - entre nosotros - no puedo evitar encontrar un poco gracioso, aunque también, admito, un tanto abrumador.

Hoy es jueves, y no un jueves cualquiera. Es el jueves antes del sábado en que debo asumir el papel de Maestra de Ceremonias en la entrega de Doctorado de la ilustre Universidad Anglohispanomexicana. ¡Ay, mi querida naturaleza, qué lejos pareces en estos días de corbatas, togas y birretes! ¿Quién diría que tu vieja amiga, la bruja del bosque, se encontraría desempeñando semejante papel?

Es precisamente en estos momentos de cambio y desafío que uno se da cuenta de las ironías de la vida. Aquí estoy yo, amante de la quietud del bosque, de la sencillez de las cosas, preparándome para presidir una ceremonia en la que los premios y medallas son las estrellas del show. ¿Ven el chiste? Sí, yo también.

Y aunque siento una gran emoción y honor por ser parte de este evento, no puedo evitar preguntarme: ¿cómo es que llegué hasta aquí? De leer en la paz de mi guarida a leer semblanzas de artistas ilustres cargados de premios. Algunos de estos currículums son tan largos que se asemejan más a una epopeya de Homero que a una biografía. Y aún así, no puedo evitar sentir un toque de admiración por estos personajes, que han dedicado su vida a sus pasiones, al arte, a la creación.

Pero déjenme contarles, mientras avanzo en esta odisea de la vanidad académica, he estado desentrañando los misterios de la vestimenta de los doctores. ¿Sabían que la toga tiene reminiscencias de la toga romana y del antiguo traje eclesiástico? ¿O que los guantes blancos que usan los doctores son símbolo de pureza? Curioso, ¿no? Todo un despliegue de símbolos y rituales que parecen sacados de una novela de fantasía medieval.

Mientras me preparo para este gran día, me he dado cuenta de algo: al final, todos somos estudiantes y maestros en la vida. Cada uno de nosotros tiene su propia toga y birrete, aunque no siempre se ven. Algunos los llevan en el corazón, en las lecciones aprendidas, en las batallas libradas, en las victorias celebradas y las derrotas superadas.

Así que sí, este sábado estaré ahí, en medio de la hoguera de las vanidades, presentando a estos doctores que han llegado tan lejos en su camino. Y aunque me alegra ser parte de esta ceremonia, no puedo evitar sonreír al pensar que en el fondo, todos somos doctores en la escuela de la vida.

Hasta entonces, regreso a mi bosque, a mis libros y a mis pensamientos, con el corazón lleno de emociones y la cabeza llena de anécdotas para contarles a ustedes, mis queridos lectores. En estos días de bullicio y vanidades, no olvido quién soy y de dónde vengo. Porque al final del día, más allá de los títulos y los birretes, sigo siendo simplemente Julia: psicóloga, coach de vida, maestra, doctora y, por supuesto, ¡bruja!

Con todo este ajetreo, he aprendido una lección importante: nunca debemos perder de vista nuestras raíces, sin importar qué tan lejos lleguemos en la vida. Así que, a pesar de las togas y las medallas, a pesar de la pompa y la circunstancia, siempre llevaré conmigo el espíritu del bosque y la sabiduría de la naturaleza.

Sé que el sábado será un gran día. Estoy segura de que habrá momentos de nervios y emoción, de risas y quizás algunas lágrimas. Pero más allá de todo eso, sé que será una experiencia inolvidable, una de esas historias que contaré a mi sobrina nieta, y a mis sobrinas alrededor del fuego, mientras los grillos cantan y las estrellas brillan en el cielo.

Y después, cuando todo haya terminado, volveré a mi guarida en el bosque, donde me espera mi querida soledad y la paz que solo la naturaleza puede brindar. Ahí, lejos de las luces del escenario, me pondré mi toga invisible y mi birrete de estrellas, y seguiré siendo la misma de siempre: la bruja del bosque, la amante de la vida, la eterna estudiante que se deleita en la magia de lo cotidiano.

Así que, queridos lobos, mientras me preparo para este gran día, les envío un gran abrazo y todo mi cariño. Y recuerden: no importa qué tan grande sea la ceremonia ni cuántas medallas tengamos, al final del día, todos somos simplemente estudiantes en la escuela de la vida.

Nos vemos en la próxima luna llena.

Con cariño,

Julia Perellón M.

Psicóloga

😁+Licenciada, Maestra, Doctora pero sobre todo y lo más real , ¡Bruja!



Cuando digo "bruja", me refiero a ser una mujer sabia, conectada con la naturaleza y con su propia libertad. Una bruja es alguien que valora el conocimiento, la espiritualidad y la autenticidad por encima de todo


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