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El Espíritu del Lobo

No pude evitar escribir hoy de… Vanidades, Togas y Doctorados (2da parte)




Hola a todos, amigos del espíritu del lobo, hoy vengo a compartirles una experiencia que dejó mi bosque interior un tanto revuelto. Como saben, soy Psicóloga y Coach de vida, y porque no, bruja contemporánea, y reina suprema de mi guarida en medio de la naturaleza, lejos de las luces parpadeantes de la vanidad humana.


Como ya saben por los otros artículos, fui invitada a ser Maestra de Ceremonia para la entrega de los títulos de Doctorado de la prestigiosa Universidad Anglohispanomexicana, junto con el Claustro Magistral del Arte, quien otorgó el Grado de Doctor Honoris Causa a diversos y distinguidos artistas por su Mérito Preponderante y Loable Aportación a la Trayectoria a las Artes. Y ahí estaba yo, con el honor de presentarles a este mundo de acrílicos, caballetes, y notas musicales.


Preparándome para este papel, comencé a leer los currículums de los homenajeados, algunos tan cargados de premios y medallas que parecían un álbum de cromos de Panini, mientras otros eran tan sencillos y humildes como un haiku. Y me pregunté, ¿por qué algunos humanos sienten la necesidad de ostentar títulos y premios, como pavos reales desplegando su plumaje? Recordé la frase de Al Pacino en 'El abogado del Diablo', "Vanidad, mi pecado favorito".


Yo, por mi parte, prefiero el anonimato del bosque, la libertad de ser simplemente Julia. Recuerdo cómo, cuando comencé a trabajar en la Universidad, insistían en llamarme "maestra", cuando para mí Julia siempre fue suficiente. Finalmente descubrí que el motivo era que nadie sabía el nombre de nadie. Qué irónico. y sin embargo ahora todos somos una gran familia con nombres propios, y sueños diversos, con una misma finalidad, enseñar el camino a nuestros jóvenes pupilos del maravilloso mundo que se extiende ante ellos.


Pero volvamos a las vanidades y los doctorados. Para mantener vivo el espíritu del evento, decidí investigar sobre el significado de la vestimenta y los adornos que acompañan la titulación de los doctores. Togas, puñetas o vuelillos, mucetas, birretes, guantes blancos, anillos, medallas y color de los cordones de las medallas, elementos tan antiquísimos como la vanidad misma y de los cuales les platique en el Artículo el Baile de la Togas.


Al leer la historia de cada uno de estos adornos, no pude evitar sonreír. El anillo que se usaba para sellar dictámenes profesionales, los guantes blancos símbolo de pureza, la muceta que en otro tiempo servía de capucha y portapergaminos... todo parecía sacado de una novela de fantasía medieval, y aquí estábamos, en el siglo XXI, todavía apegados a estos vestigios de un pasado que parecía tan lejano.


En todo caso, fue una experiencia fascinante y llena de aprendizajes. No se me malinterprete, no pretendo minimizar el mérito de obtener un doctorado o un premio, ni la tradición que envuelve estas ceremonias. Pero como buena bruja que soy, no puedo evitar sentirme más a gusto con la simplicidad de la naturaleza y la búsqueda de sabiduría por el puro placer de aprender.

Esa mañana, mientras los doctorandos desfilaban uno a uno en sus togas impecables, no pude evitar pensar en la magia de la vida cotidiana, en el camino que cada uno de nosotros recorre, con o sin medallas. Pienso en la madre soltera que cría a sus hijos con determinación, en el jardinero que dedica su vida a cultivar la belleza, en el músico callejero que alegra nuestros días con su arte. Ellos también merecen una toga y una medalla, pues son doctores en la escuela de la vida.

Al final, cada uno de nosotros escribe su propio currículum, lleno de victorias y derrotas, de aprendizajes y experiencias. Algunos prefieren colgar sus logros en la pared para que el mundo los vea, otros los guardan en el corazón como tesoros personales. Ambas opciones son igualmente válidas, pues cada quien tiene su propio camino y su propia manera de expresar su identidad.

Me encanta ser psicóloga, coach de vida, y maestra, pero más allá de esos títulos, disfruto ser una eterna estudiante, una curiosa insaciable, una bruja que encuentra la magia en lo cotidiano. Así que, aunque aprecié la experiencia de estar en la ceremonia y apreciar la vestimenta del doctorado, vuelvo felizmente a mi guarida en el bosque, lejos de las luces del escenario. Ahí, en medio de la naturaleza, me siento realmente en casa, sin necesidad de togas, medallas, ni birretes.

En fin, queridos lectores, espero que hayan disfrutado de estos pequeños anécdotas, a lo largo de estos días antes del evento, previo al evento y despues del evento y, que demuestra una vez más que la vida está llena de sorpresas y aprendizajes. A pesar de las apariencias, todos somos estudiantes y maestros a la vez, y cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo y para compartir nuestras experiencias con los demás.

Recuerden, no importa cuántos premios o títulos tengamos, lo importante es seguir aprendiendo, seguir creciendo, y seguir compartiendo lo que somos con el mundo.


Eso es lo que verdaderamente nos hace grandes.

Con cariño,

Julia Perellón M.

Psicóloga

😁+Licenciada, Maestra, Doctora pero sobre todo y lo más real , ¡Bruja!



Cuando digo "bruja", me refiero a ser una mujer sabia, conectada con la naturaleza y con su propia libertad. Una bruja es alguien que valora el conocimiento, la espiritualidad y la autenticidad por encima de todo






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